El corazón de scrum (Adelanto #1 de “Por un scrum popular”)

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El corazón de scrum

Cuanto más enseño y brindo consultoría sobre scrum, más me convenzo de que el tablero físico es el corazón de scrum. Sin el tablero el equipo carece de centro, de foco. El tablero, si realmente se lo entiende, se convierte en el hogar espiritual del equipo. Una especie de iglesia, si les gusta la analogía. Los miembros del equipo se reúnen alrededor del tablero para discutir, pelear, innovar, alinearse, corregirse unos a otros, aprender y celebrar.

El tablero (conocido también como taskboard), con sus fichas, post-its, cintas y banderas, inspira colaboración. Es visual, táctil, enorme. Se yergue como un gran comunicador de nuestro progreso y carácter. Proclama a los cuatro vientos quiénes somos como equipo. Es nuestra identidad. El tablero no calla la verdad, sino que la difunde: no tenemos miedo.

Al tablero se lo describe muchas veces como la máquina de café del nuevo paradigma. Este paralelo, aunque bien intencionado, no hace más que subestimar el poder y el significado del tablero. Claro, es un lugar donde nos encontramos a charlar. Pero no, no es un lugar donde nos quejamos, repetimos chismes ni vomitamos odios. El tablero es un sitio para regenerarse, para reconectar, para tomar aire. Representa avance, no huida.

Scrum es la antítesis de la mentalidad dividir-y-conquistar propia del cubículo corporativo. No necesitamos mesas de ping-pong y futbolines para calmarnos, para crear un equilibrio artificial entre la vida y el trabajo. No necesitamos que la diversión sea algo que solamente puede suceder al salir de la oficina. Trabajar es divertido. No necesitamos ratos al lado de la máquina de café y pausas fumando para poner en práctica una de las más profundas necesidades humanas, como lo es la conversación espontánea, honesta. En scrum vivimos conversando, todos los días, todo el día.

En scrum nos importa profundamente la gente, no su conocimiento. No hablamos en singular, sino siempre en plural. No soy ‘yo’, somos ‘nosotros’. Compartimos, aprendemos, mejoramos continuamente, interactuamos, colaboramos apasionadamente y crecemos como individuos. Formamos tribus, construimos comunidad. Los miembros de una tribu necesitan un sentido de pertenencia, una aventura. Las tribus necesitan lugares de encuentro, objetos sagrados, foco y pulso. En scrum queremos que florezca este modo de ser. El tablero y todo lo que surge a su alrededor bombean vida.

Para vivir plenamente scrum necesita un corazón. Ese corazón es el tablero. Sin un tablero scrum se ve y siente insípido, escuálido, debilucho. Se pierde todo foco y sin un controlador externo, como ser un coach, que le insufle vida permanentemente, todo el esfuerzo que hemos puesto se disolverá, para convertirse subrepticiamente y sin cambiar enteramente sus formas en el proceso disfuncional que vino a reemplazar. Sin corazón, scrum es impotente.

Una de las acciones más generosas que un scrum master puede hacer por su equipo y por la organización es crear transparencia, irradiar información. La transparencia nos permite ver los errores, para así poder decidir si queremos hacer algo al respecto. Podemos dejar de ser víctimas del proceso para convertirnos en guerreros del cambio.

Si los equipos realmente comienzan a adueñarse de sus tableros y descubren cómo utilizarlos para vivir a pleno el principio de transparencia, este humilde collage de papelitos y cinta se elevará por encima del injusto estatus que ha ganado de objeto meramente utilitario. Cada equipo es capaz de lograr que su tablero pase a ser no solo una herramienta útil sino también un objeto bello e inspirador. Creo sinceramente que ese es el lugar que el tablero merece ocupar. El corazón se nutre de amor.

3 de agosto de 2009

Anexo tendencioso: un palpitar genuino

Si bien concuerdo con la importancia que tiene el tablero a la hora de moldear el imaginario del equipo, creo firmemente que el corazón de scrum está ubicado en otra parte de su ágil cuerpo. Mi sensación es que la retrospectiva es sin duda quien dará la energía que necesita un cambio de la magnitud que merece una implementación genuina de scrum. El tablero insufla un impulso inicial, colorido y terrenal. La retrospectiva permite seguir avanzando con scrum, explorando nuevos y peligrosos territorios, pase lo que pase, caiga quien caiga.

La experiencia me muestra que la importancia de la retrospectiva puede entenderse por oposición: cuando no la practicamos (o lo hacemos de formas poco efectivas) todo, en el fondo, sigue igual que antes. No hay reinvención, y sin reinvención no hay vida.

El proceso, la forma en la que trabajamos, es un músculo. Hasta el más escéptico de los sedentarios entiende que los músculos, si no se los ejercita, se atrofian. Necesitamos esforzarnos, llevar sanamente al límite tendones y tensores, si queremos que nuestros músculos se mantengan, al menos, con la energía y tono que tienen hoy en día. Lo mismo, exactamente lo mismo, ocurre con nuestro proceso. Si dejamos que el tiempo y la indiferencia se ocupen de mantenerlo en forma, si pensamos que la mejor manera de trabajar ya fue decidida y no vale la pena retocarla, entonces vamos a acumular grasa subrepticia e indefectiblemente. Tal vez la aorta de nuestra organización tolere tanto lípido durante años y años. O tal vez no.

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